Para discutir de todo...como en botica.

Mostrando las entradas con la etiqueta sinsentido. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta sinsentido. Mostrar todas las entradas

martes, abril 24, 2007

La vida en Colombia

"Las instrucciones eran quitarles el brazo, la cabeza, descuartizarlos vivos. Ellos salían llorando y le pedían a uno que no le fuera a hacer nada, que tenían familia".

Extracto de la confesión de un paramilitar, citada en El Tiempo el 24 de abril de 2007

"Don Antonio' dijo que la única "regla" que tenían que cumplir los paramilitares bajo su mando era la de no asesinar a más de tres personas a la vez, para evitar presión de los medios y las autoridades."

Versión de un jefe paramilitar, según la revista Semana del 22 de abril de 2007.


"
Según testimonios recopilados por los investigadores, las Farc, después de asesinar al geólogo, contactaron al médico Sánchez para que lo 'arreglara' y conservara el cuerpo, porque la guerrilla estaba en medio de la negociación con los familiares y esperaba la entrega de un dinero.

"El médico le sacó las vísceras -explicó uno de los testigos- , lo rellenó con cal y usó formol para que no se descompusiera y así poder esperar el dinero que habían pedido los guerrilleros por él. Durante varios días fue el encargado de mantener conservado el cuerpo"."

Noticia de El Tiempo, 21 de noviuembre de 2006.

Y uno escribiendo pendejadas...

lunes, abril 09, 2007

Cambiar de nombre

Algún día alguien lo nombró, alguien le dio eso que es un rótulo primero y la identidad después, ese algo de viene de afuera y se va convirtiendo en adentro, en tan adentro que está en el miedo, clavado en la piel, doblado y reblandecido. Alguien le dio nombre, le dijo que debía estar alerta cuando le dijeran de cierta manera, le alertó del miedo que le debían producir ciertos sonidos. Y le llamaron Tigre Consentido.

Valiente pero frágil, olvidadizo y perezoso, Tigre Consentido decidió que su destino debía ser vagar por los caminos sin repetir nunca un trayecto. Así que empezó a andar, a andar sin tener una meta distinta a la de nunca repetirse, y así como nunca volvía a pasar por un lugar por el que hubiera pasado antes, cada día era diferente, cada mañana despertaba con un deseo más extraño, más novedoso. Quería perder ese nombre y crearse otro él mismo, quizás Oreja Perdida, quizás Fantasma en Vida, quizás Beso Sin Piel.

No sé cuánto caminó, porque él tampoco lo sabe. No sé por cuántos ríos pasó, cuántas personas conoció sin volver a ver, cuántos lugares nombró para luego olvidar. Él tampoco lo sabe, aunque pronto se dio cuenta de la necesidad de recordar, de tatuar todo en su cabeza para prevenir el peligro de volver a pasar por algún lugar, de repetir un silencio, una sonrisa, un bostezo. Caminó otro poco y sintió ganas de volver a algún punto, de continuar una conversación interrupta, de mirar con más detenimiento a alguna niña hermosa. Supo que se trataba de un gran peligro, según cuenta, y reprimió esas ganas; cuando notó que eso no era suficiente decidió conseguir una libreta y anotar los nombres de los lugares, el sabor de las cervezas, las diferentes marcas de chocolates. Y siguió.

Así, con todo eso, cuando quería revivir algo, cuando sentía que iba a vomitar y todo lo que salía era el deseo de volver, sencillamente acudía a su libreta y leía, y dibujaba, y recordaba. Vivía. Revivía. Sobrevivía. Seguía adelante, pero no encontraba su nombre: seguía siendo Tigre Consentido. Alguna vez decidió dormir dos noches en el mismo lugar, no tanto por el sitio (antes había pasado una noche, por ejemplo, en la desembocadura de un río en el mar, con el viento bajando frío desde las montañas y el corazón empeñado en enamorarse) ni por la compañía, sino por el recordar lo que se sentía al repetir los sonidos al dormirse y al abrir los ojos y ver un mismo pedazo de pared o de cielo. Decidió que su recorrido sería un circuito, pero nunca volvió: ya sus pies no sabían llevarlo al lugar de partida.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que se había perdido, de nuevo. Ahora no perdido en un nombre impuesto, sino perdido en la búsqueda de otro. Decidió dejar de tener nombre, dejar de buscar lo que no existía. Fue esa noche cuando lo conocí, con los ojos grandes y hambrientos, recordando el inicio de su peregrinación sin fin, mezclando palabras de varios idiomas. Y cuando le pregunté cómo se llamaba ahora, me miró perplejo y triste, y dijo “Tigre Consentido”.

P.D. Y esta es para aquella que lo bautizó.

viernes, octubre 20, 2006

Perdido en ninguna parte

Tnego la HP rodilla jodida. Así que puedo caminar, acostarme, echarme a leer o ver TV, pero no puedo subir ni bajar escaleras.

Eso me hizo darme cuenta de os escalones que uno debe superar cada día. Sí, ya sé, todos los que se han aprtido la pata o han usado muletas por la razón que sea ya lo saben. Pero yo no. Yo era sano hasta que me dio por psicosomatizarlo todo - y ahora tengo el colesterol alto, colon irritable, gastritis, úlceras, pseudoartritis digital, síndorme andropáusico y otro poco de jodas. y me duele la rodilla.

Ah, sí, en eso iba. En que me en realidad no me duele, pero parece que si me pongo a hacer un esfuerzo voy a lograr que estalle, derrmando líquido sinovial, pulverizando meniscos, desplazando rótulas, ligando ligamentos (¡que retruécano más barroco!). Entonces los escaloes. Ah, sí. Deicidí que tengo ganas de ponerme algún aparato para saber cuánto camino al día, y así sentirme menos sedentario y lograr, quuizás, que se esfumen algunas de las falsas enfermedades de joven prematuramente envejecido y de hipocrndríaco secreto. Hasta ahí, todo bien - aunque no tengo ni idea si existe el aparato, dónde conseguirlo, cuántos riñones me costará comprarlo.

Pero luego me meto en este mundo ñoño que llamamos internerd, y en la bloguicosa, y descubro que por acá sí que se camina, mano. Va uno de un lado al otro, y sin perderse, y le dicen que navega o hace surf ¿Por qué esas metáforas del mar océano, tan agirngadas, más flojas que mi estómago y más pobres que las de mis ratos de romántico sin sentido? Explíquenme que tiene de ñoño, sosos y supuestamente infinito el mar, para saber por qué el internerd se parece.

Y todo esto es porque s ejodió mi rodilla y porque un amigo me dijo que él se pierde en el intermundo. Sí, se pierde. Llega a donde no quiere y no sabe qué hacer, quier pedir indicaciones pero nadie esta "ahí", en el "sitio" al que él fue, sino en el mensajero, que es otro sitio que no existe pero sí. Y se pierde. Y quiere pedir un taxi y no puede, y me dice que si pudiera, ¿cómo le oiba a dar una dirección?" ¿Acaso alguien se sabe una dirección en internerd? Si yo, que estoy escribiendo este post en blogger, me perido, nunca sabré dónd eestaba. Toca arrancar de cero, y luego el formulario contienes postdata y me jodo. Y no entiendo.

Como ven, este post no va para ninguna aprte, como cualquier cosa en internerd. Ah, y parte de la culpa la tiene la postada.

P.D. Ilusión: "Por lo general las palabras vienen. Hoy no llegan - espero que mañana, en el momento preciso, lo hagan. Es difícil cuando hay tanto por decir y tantas emociones se agolpan detrás de la elocuencia o el silencio. Así que mejor callo. Callo y sonrío. Callo, sonrío y me lanzo a vivir lo que se venga, con ganas de mamar gallo y de ser quien soy. Y ya. Gracias."

lunes, febrero 20, 2006

Meme acá también

Bueno, llegó el meme a esta botica! Además, como ando corto de tiempo y por eso hace días no publico, me salve de pensar en qué carazos poner en este blog. Así que ahí les va, cortesía de don Yago , a quien deberían visitar…

Cuatro trabajos que he tenido:

1. Dueño de una botica, tratando de hacer buenos menjunjes y, más aún, de hablar mucha mierda con los visitantes.
2. Escritor de páginas sociales en periódicos escolares varios.
3. Profesor de higiene y cultura en una escuela para señoritas. Sin detalles: delicioso.
4. Quemador de CD’s, en una versión alterna de Fahrenheit 451.

Cuatro trabajos que quisiera tener:

1. Dueño de una gran cadena de boticas.
2. Dueño de la tienda de la esquina, tras una compra hostil.
3. Catador de chocolates y de mocos.
4. Limpiador de ratones de computador y de residuos de la lana de las medias en zapatos.

Cuatro películas que puedo repetir sin cansarme:

1. Blanca nieves y los siete enanitos del sexo. Bueno, sí me cansa, pero por otras razones.
2. La de mi primera comunión.
3. La historia sin fin.
4. Y ya. Las demás me cansan.

Cuatro lugares en los que he vivido:

1. En la luna, a ratos.
2. Entre tus piernas (pero no en la Ciudad de la Furia)
3. Hogwarts
4. En Legoland, por varios años de mi infancia.

Cuatro lugares a los que he ido de vacaciones:

1. Entre tus piernas, para no olvidarlo.
2. Al cine.
3. A Palomino, y vaya si fue bonito…
4. A una casa desvencijada cuyas ventanas fueron tapiadas el pasado 31 de diciembre. Y justo por esa época se acabaron las vacaciones…

Cuatro lugares deseados para vacacionar:

1. Entre tus piernas
2. Samarcanda, para visitar al juglar
3. Alguno de los edificios de la Soberana Orden Militar de Malta
4. A la casa desvencijada con las ventanas, de nuevo, abiertas y generosas

Cuatro platos favoritos:

1. El de mickey mouse
2. El de los Transformers
3. El de Geraldine Zivic
4. El más grande

Cuatro sitios que visito a diario:

1. Entre tus piernas
2. La nevera de la oficina
3. El altar de mi cuarto
4. La botica

Cuatro lugares donde quiero estar en este momento:

1. Entre su piernas
2. En la botica
3. En la nevera de mi oficina
4. Donde un amigo

Ah, y eso les va a LinaBM, Titania, Lady Godiva y don barbárico

martes, febrero 07, 2006

Borges pop versión 2006

La otra noche estaba viendo una muy buena película, en el confort del hogar, con las maravillas tecnológicas del dividí (que no se han terminado de inventar…eso de adelantar y atrasar es un bollo). Que buen plan para domingo por la noche, por ejemplo. Y era de noche, eso lo sé, pero ya le perdí la cuenta a los días de la semana, desde que me toca laborar en cualquier momento – pero ese es otro cuento, volvamos a lo de la peli, aunque a veces me gusta irme por las ramas, no porque sea un mico, aunque algo de mico tengo, tanto que hasta el papá de un amigo, que cuando chiquito le decía mico, no le podía decir más mico cuando yo estaba allá porque se confundía, y entonces le decía chimpancé y el se ponía a llorar porque pensaba que se la estaba montando y nunca me volvió a invitar a la casa y no fuimos a amigos y me quitó una novia a los quince años. Mierda, otra vez me fui por las ramas. Concentrémonos.

Ah, sí, la peli. El caso es que todo estaba muy bien, pero no terminé de verla. Y luego me puse a pensar estupideces y a leer cosas como mis cuentos de Ficciones y a recordar otras vainas y demás, y me di cuenta de que contar eso, así, puede querer decir muchas cosas. Interrumpir una buena película puede ser una gran cosa o un pequeño desastre, y no sé bien. Me quedó dando vueltas por ahí, por las ramas esas de los micos aquellos, y me di cuenta de que ya hasta se me olvidó por qué dejé de ver la película. Pailas, el cuento se les quedó sin final. Pero a mi también, y no quedé tranquilo, y descubrí que le puedo poner el final que yo quiera, pero no sé cuál sea mejor. Así que les traigo varios para que miren a ver cuál les gusta más para este boticario en la vida real, o para sus propias mercedes en el terreno de la ficción:

1. Estaba en compañía de la mujer de mi vida, y gracias al romanticismo serio y nada burdo de la peli, noté que me miraba a los ojos, que acercaba su brazo al mío y que su respiración había cambiado…
2. Se fue la luz.
3. Miré el reloj y tenía una reunión urgente con un agente secreto que me ofreció una misión ultrasecreta para asesinar terroristas rivales (adivinen qué peli estaba viendo).
4. Tras tres meses de insomnio, finalmente logré conciliar el sueño, y además en él me visitaron mujeres de chocolate.
5. Me sonaron las tripas y tuve que ir al escusado. Las tripas siguieron sonando por largos minutos. Aún estoy en el escusado, con el portátil de una amigo para poder trabajar.
6. Sonó el teléfono y era un viejo amigo llamando desde Samarcanda para pedirme que lo comunicara con el DAS, la CIA, el Mossad, la Interpol, los cazafantasmas, los defensores de la tierra, el chapulín colorado o lo que fuera para que lo rescataran de su esclavitud como futbolista.
7. Sonó el despertador y todo era un sueño.

P.D. Siete es un número cabalísitico, por eso limité sus opciones a tal cantidad. Véase el libro hermético llamado “harry potter y no-sé-qué-jodas”…que va en el sexto volumen de siete, entre otras.

P.D. 2 Más vale tarde que nunca, y no es tan tarde. Son las 6:25 p.m.

P.D. 3 Gracias a la Titania: “You’re my inspiration”

jueves, enero 26, 2006

Los cinco hábitos de los hombres totalmente exitosos

Aljuri, el Señor Optimista y la gata del anticuario me atacaron. Como ellos, como tantos de quienes escriben blogs por estos lados, exigen que les cuente cinco hábitos, cinco hábitos bien extraños. Veamos qué cosas raras suele hacer el boticario, si es que a alguien le interesa:

1 – Como ya todos saben, si me han leído antes, gusto del sabor de los mocos. Sin embargo, ya sean míos o de alguien más, siempre prefiero los de la fosa derecha en el caso de los diestros, y los de la fosa izquierda si son producidos por un cuerpo zurdo. Sí, tiene cierto sabor a esfuerzo y trabajo que me gusta, mientras que los del lado contrario tienen una consistencia más blandengue.

2 – Tengo una extraña debilidad por las mujeres – por lo general, bastante jovencitas – que parecen tener la extraña necesidad de incluir en cada frase que dicen la palabra “uon”. Bueno, a veces es “ueón” o “uuón” o algo así, depende. Me gusta más que cuando dicen “marics”. Úsalo y me derretiré instantáneamente a tus pies. Es mi criptonita amorosa.

3 – Cuando bebo algo puedo, perfectamente, no levantar el dedo meñique. De hecho, nunca lo hago. Sin embargo, a la hora de bailar calipso, el mismo dedito se yergue con una energía incomprensible y, si trato de bajarlo, pierdo el equilibrio y caigo a la pista de baile, lo que puede tener consecuencias aún más lamentables cuando la fiesta está tan buena que estamos haciendo el clásico trencito.

4 – Soy buena paga pero, más que eso, me encanta pagar deudas. Suelo pedir prestado para poder devolver, luego, lo que me prestaron. Hay un extraño placer en sentir la plata salir de mi bolsillo, pero sólo cuando es para pagar un préstamo. De resto, me es indiferente.

5 – Soy un adicto enfermizo al chocolate, aunque no me gusta tanto el dulce. Pero el chocolate… chocolatina jet con aguardiente, chocolate amargo para el frío, la angustia o el hambre, helados, ponqués, chocorramos o braunis de postre. Sin duda, el mejor piropo fue cuando me compararon con un Ferrero – eso bastó para asegurarle un espacio en la botica a la persona que lo dijo. Y, de nuevo, sin duda, nada para demostrar interés y aprecio como el regalo de un brauni especial, un pan de chocolate o un éclair de chocolate en una noche de clavada para un final, sobre todo si es de sorpresa y es viernes. Eso no se hace todos los días.

Bueno, hecho el deber, ahora toca dizque pasárselo a otras cinco personas, pero creo que ya todos lo hicieron, o por lo menos ya les han puesto la tarea. Pero por si acaso, ahí les va a Cris la del té , Laura Londinense , Titania, Herr Doctor Barbárico y Don Tomate.

P.D. Si van a comentar, háganle rápido a ver si podemos terminar la historia del Ogro de Bakú.