Para discutir de todo...como en botica.

jueves, julio 05, 2007

Tortura en público

Acabo de llegar de la calle 72 con carrera séptima, del corazón de las finanzas colombianas. Lo que dice poco o nada, pero así es. Y estuve allá no sólo porque trabajo a dos cuadras (sí, lo acepto: trabajo en el corazón del sector terciario, de los servicios de alto nivel, de donde brotan yuppies y secretarias, del centro del consumismo y el capitalismo salvaje. Ustedes deciden) sino porque alguien decidió que ese sería uno de los epicentros de la protesta de hoy contra el secuestro.

No tengo ni idea de quién organizó las "marchas pacíficas" de hoy, ni de si fue patrocinado por polistas o uribistas, si los cacaos le metieron plata o fueron las ONGs de derecha o de izquierda. Me importa un carajo. Yo salí porque siento que tengo que expresarme y que lo que yo diga tiene muchas más posibilidades de ser valioso y ser oído si lo digo con más gente, al unísono, en colectivo. Tan demócrata, el cretino boticario.

Qué bonito fue, cuánto me me emocioné. Pero ¿y ahora?

Ahora como que ya me quité el peso de encima, aliviané mi conciencia, soy una buena persona y un ciudadano con conciencia cívica. Ahora puedo salir de nuevo a la calle, caminar por ahí, siendo el mismo de ayer y un anticipo del que seré mañana. Me manifesté, grité, compartí y nada cambió.




O bueno, quizás sí cambió algo: ahora me torturo con estas cosas ante un público, aunque sea cibernético, desde el corazón del capitalismo descorazonada, desde la capital de un país (??) pujante (??) y lleno de violencia (??), desde mi desencanto y mi apatía, desde mi escepticismo y mi optimismo. Lo que sí sé, es que no basta con quitarme ese peso de encima. Gritar y sacudir un pañuelo blanco en un ritual pacífico y democrático no basta. Pero tampoco sé qué debería hacer.

miércoles, mayo 16, 2007

Agroindustria

Mi trabajo es extraño, y me lleva a hacer reflexiones estúpidas, de esas que me gustan. Por algún motivo que aún no me queda del todo claro, tuve que traducir un texto que incluía el término "agroindustrial". Como a duras penas entiendo de qué se trata la agorindustria, y como mi inglés trama a todos pero njo dice nada, me metí el internerd, a diccionarios bilingües... y nada.

Como no me podía quedar varado grité, y acudió a mi ayuda todo un personaje: 175cm, 90-60-90, devoto de Sai Baba, amante de comer en restaurantes de 50 el plato, angelical y demoníaca. Toda una joyita. Claro, una joyita sagaz, que me llevó a Google y me mostró que sí, que había 67.832 referencias a la "agroindustry". Hasta acá, nada nuevo: un imposible amor fugaz, un nuevo dato inútil, una muestra más de mi pernicia.

Pero, desocupado que soy, empecé a mirar las referencias de la diosa Google (oh, Google, que defines qué existe y qué no) y descubrí algo que voy a patentar, que va a fundamentar una tesis postdoctoral y que me va a llevar a dictar conferencias por todo el orbe: hay una nueva clasificación de países.

Sí señores, ya dejamos atrás la división entre países desarrollados, países en vías de desarrollo y países subdesarrollados, entre países comunistas, países capitalistas y países noalineados; entre norte y sur. La nueva división, en la que la querida Colombia y los demás países latinoamericanos seguimos siendo de clase media (sin subsidios de los de arriba, explotados y cagados del susto de que nos quiten lo poquito que tenemos), es la de países agroindustriales. Ahí está la prueba, miren Google: la agoindustria está en Chile, en Ucrania, en Kosovo, en El Salvador. Supongo que en Irán y en Argelia puede haber. Pero nunca en Alemania ni en Uganda, en Australia o en Sudán.

Y ahora que pienso, cuando ya eché tanta carreta, resulta que lo único que estoy diciendo es que Venezuela, Argentina, Honduras y Colombia seguimos siendo unas "Banana Republic". Sólo que ya podemos denominarnos "Banana & Factory Republic"

jueves, abril 26, 2007

En comunicación con el Señor


Se fue la luz, ojalá no a todos se nos vayan las luces mientras anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección...

martes, abril 24, 2007

La vida en Colombia

"Las instrucciones eran quitarles el brazo, la cabeza, descuartizarlos vivos. Ellos salían llorando y le pedían a uno que no le fuera a hacer nada, que tenían familia".

Extracto de la confesión de un paramilitar, citada en El Tiempo el 24 de abril de 2007

"Don Antonio' dijo que la única "regla" que tenían que cumplir los paramilitares bajo su mando era la de no asesinar a más de tres personas a la vez, para evitar presión de los medios y las autoridades."

Versión de un jefe paramilitar, según la revista Semana del 22 de abril de 2007.


"
Según testimonios recopilados por los investigadores, las Farc, después de asesinar al geólogo, contactaron al médico Sánchez para que lo 'arreglara' y conservara el cuerpo, porque la guerrilla estaba en medio de la negociación con los familiares y esperaba la entrega de un dinero.

"El médico le sacó las vísceras -explicó uno de los testigos- , lo rellenó con cal y usó formol para que no se descompusiera y así poder esperar el dinero que habían pedido los guerrilleros por él. Durante varios días fue el encargado de mantener conservado el cuerpo"."

Noticia de El Tiempo, 21 de noviuembre de 2006.

Y uno escribiendo pendejadas...

lunes, abril 09, 2007

Cambiar de nombre

Algún día alguien lo nombró, alguien le dio eso que es un rótulo primero y la identidad después, ese algo de viene de afuera y se va convirtiendo en adentro, en tan adentro que está en el miedo, clavado en la piel, doblado y reblandecido. Alguien le dio nombre, le dijo que debía estar alerta cuando le dijeran de cierta manera, le alertó del miedo que le debían producir ciertos sonidos. Y le llamaron Tigre Consentido.

Valiente pero frágil, olvidadizo y perezoso, Tigre Consentido decidió que su destino debía ser vagar por los caminos sin repetir nunca un trayecto. Así que empezó a andar, a andar sin tener una meta distinta a la de nunca repetirse, y así como nunca volvía a pasar por un lugar por el que hubiera pasado antes, cada día era diferente, cada mañana despertaba con un deseo más extraño, más novedoso. Quería perder ese nombre y crearse otro él mismo, quizás Oreja Perdida, quizás Fantasma en Vida, quizás Beso Sin Piel.

No sé cuánto caminó, porque él tampoco lo sabe. No sé por cuántos ríos pasó, cuántas personas conoció sin volver a ver, cuántos lugares nombró para luego olvidar. Él tampoco lo sabe, aunque pronto se dio cuenta de la necesidad de recordar, de tatuar todo en su cabeza para prevenir el peligro de volver a pasar por algún lugar, de repetir un silencio, una sonrisa, un bostezo. Caminó otro poco y sintió ganas de volver a algún punto, de continuar una conversación interrupta, de mirar con más detenimiento a alguna niña hermosa. Supo que se trataba de un gran peligro, según cuenta, y reprimió esas ganas; cuando notó que eso no era suficiente decidió conseguir una libreta y anotar los nombres de los lugares, el sabor de las cervezas, las diferentes marcas de chocolates. Y siguió.

Así, con todo eso, cuando quería revivir algo, cuando sentía que iba a vomitar y todo lo que salía era el deseo de volver, sencillamente acudía a su libreta y leía, y dibujaba, y recordaba. Vivía. Revivía. Sobrevivía. Seguía adelante, pero no encontraba su nombre: seguía siendo Tigre Consentido. Alguna vez decidió dormir dos noches en el mismo lugar, no tanto por el sitio (antes había pasado una noche, por ejemplo, en la desembocadura de un río en el mar, con el viento bajando frío desde las montañas y el corazón empeñado en enamorarse) ni por la compañía, sino por el recordar lo que se sentía al repetir los sonidos al dormirse y al abrir los ojos y ver un mismo pedazo de pared o de cielo. Decidió que su recorrido sería un circuito, pero nunca volvió: ya sus pies no sabían llevarlo al lugar de partida.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que se había perdido, de nuevo. Ahora no perdido en un nombre impuesto, sino perdido en la búsqueda de otro. Decidió dejar de tener nombre, dejar de buscar lo que no existía. Fue esa noche cuando lo conocí, con los ojos grandes y hambrientos, recordando el inicio de su peregrinación sin fin, mezclando palabras de varios idiomas. Y cuando le pregunté cómo se llamaba ahora, me miró perplejo y triste, y dijo “Tigre Consentido”.

P.D. Y esta es para aquella que lo bautizó.

miércoles, marzo 28, 2007

Yo sére el hombre increíble, y ellos...

Cuando conduzco (manejo, chofereo) por las calles de esta pequeña gran ciudad me transformo. Aunque no me pongo verde ni rompo los chiros con el crecimiento increíble de mi biomasa, sí descubro un inagotable caudal de groserías, juegos de palabras, psicosis escondidas y odios reprimidos. En otras palabras, es un auténtico y delicioso desahogo.

Ahora, de vuelta a la comodidad y seguridad de mi hogar, frente al fuego adormecedor de la chimeneita (que hace falta), junto a mi rottweiler baboso, con mi vaso lleno de Glenfiddich, recuerdo todo lo ocurrido. Y, hombre sistemático que soy, me doy cuenta de que, una y otra vez, me encontré con los mismos personajes desastrosos:

La BRUTA o Bestia Rubia con Ungüentos, Tacones y Afán: se trata de un personaje, generalmente pero no siempre femenino, que está pendiente de todo menos de manejar. No he logrado penetrar a su mente y saber en qué piensa, pero la forma desordenada de mirar los espejos cuando no va a hacer ninguna maniobra, las frenadas cortas cuando tiene la vía libre o las direccionales que siguen activadas tres kilómetros después del último giro demuestran que tiene su mente en otra parte. Alguna vez salí con una de ellas y, créanme, tenía su mente en otra parte... deli.

El TAXI o taxista atarván extra ineficiente: archiconocido, archiinsultado. No requiere presentación ni comentario.

El ANO o adolescente nervioso ofuscado: imberbe pero creyéndose muy grande, este joven de diecises años esconde su inseguridad detrás de la música a todo volumen y las maniobras audaces. Se le ve acompañado de la hermanita de doce años a quien tiene que llevar a donde la amiga, más tarde junto a una modelo en potencia que se desvive por él y, ya a altas horas, con veintiocho amigos espichados en el carro familiar que se robó, todos tomando cerveza y aguardiente y dando vueltas por la ciudad, buscando fiesta y pelea. Es un peligro por inexperto, por importaunculista, por engreído. Y porque papi pagará.

El MEC o maltratado en casa: las tasas de maltrato intrafamiliar en Colombia son mucho más altas que las oficiales. Como dice mi amigo el agente Guerrero, es pasmosa "la baja velocidad con la que transitan o circulan los vehículos automotores de todo tipo, de servicio particular, cuando son conducidos por ciudadanos que se dirigen a sus hogares en las horas d mayor afluencia de tránsito". Vaya por cualquier avenida a eso de las 7 pm, y más si es un sábado: la gente tiene miedo, alarga todo lo posible ese pedazo de existencia en paz que es el manejar, no quiere llegar a la casa. Triste futuro para un país. Y ni se diga cuando hay una BRUTA MEC...

El ANIMAL o Atarván Negado Iluso que Maneja Atravesado y Loco: generalmente un hombre que se siente muy macho en su carro, este personaje cree que puede llegar a cualquier lugar en cinco minutos y que todas las gana de vivo. Primo y rival del TAXI, el ANIMAL insulta a cuanta BRUTA y cuanto ANO se topa en su camino. Es una muestra más de la trsite decadencia moral que ha producido en nuestra sociedad la desaparición de las misas en latín, la infiltración judeocomunista, la comercialización del cuerpo de las niñitas paisas y la necesidad permanente de desfogue. Me siento plenamente ANIMAL.

El BASURA o Busetero Atravesado Simultánemante Ungido de Rápido y de Atontado: Este conductor de vehículo masivo de servicio público es el terror de los MEC y las BRUTA. Suele tener un corazón negro y una gran frustración, pero sueña con convertirse en el futuro en un TAXI con todas las letras. Cuando se es un pasajero de un BASURA, las sensaciones de amor y odio, teror y euforia, aburrimiento y entusiasmo son permanentes y se corre el riesgo de presentar trastornos maniacodepresivos, adicción a las situaciones de riesgo y agorafobia.

Bueno, eso es solo parte de esta bella fauna y flora. Ya la volveré a ver cuando necesite, yo también, mi desfogue. O cuando se me acabe el whisky...

miércoles, marzo 21, 2007

Mamá Nena

Mamá Nena tiene noventa años, un bastón y un bastante de demencia senil. Mamá Nena ha salido de Cundinamarca menos veces de las que cualquiera de sus nietos ha salido de Colombia. Mamá Nena zapatea cuando se pone de mal genio y le tiene nombre a sus carteras.

Mamá Nena fue rebelde y voluntariosa desde niña, y jugaba a hacer zozobrar la barca por la que su familia atravesaba la laguna de Fúquene. Mamá Nena se enamoró perdidamente de un extranjero con apellido extraño, sin título y sin dinero. Mamá Nena solo tuvo un hermano al que quiso con toda su alama.

La casa de Mamá Nena es un apartamento de abuelita: muebles viejos y siempre desvencijados, cortinas pesadas, decenas de fotos. Ir a visitarla es un placer extraño, lleno de cómodos silencios, monólogos interminables e invitaciones a darse una siesta. Sus conversaciones giran alrededor del complot para asesinar al presidente (a este presidente, pero también a cualquier otro), de la importancia de estar casado o ennoviado y de tener hijos, de la maldad intrínseca de la mujer.

Mamá Nena baila y fuma en las reuniones sociales, come chicharrón con ponqué, esparce "rouge" en sus pómulos. Ya fue gordita y ahora es flaca; ya tuvo una tenia; ya enterró a casi todos sus amigos. Mamá Nena adora al Chavo y a Cantinflas, a quienes ve aunque no pueda oir nada, y pone la santa misa de los domingos por la mañana.

Mamá Nena tiene unas geniales conversaciones con Bertica, que vive al otro lado de la calle: mientras Bertica no oye casi, mamá nena baja el volumen de su cháchara. Bertica sonríe y, al cabo de un rato, pregunta a tu oído "qué fue lo que dijo Nenita?". Y se adoran.

Cuando, en las noches de desvelo, pienso en personajes de ficción, pienso en Mamá Nena.

viernes, marzo 09, 2007

¿Piropo?

... "parece que todos los días te levantas, te arreglas, vas a tu oficina, cumples con tu trabajo, chateas mientras trabajas, recibes un sueldo, te lo gastas....eso entra dentro de lo funcional" ...

miércoles, marzo 07, 2007

Bipolaridad

Como se han dado cuenta estoy refaccionando el blog (¿refaccionar? ¿Ese verbo sí existe? ¿Sirve para un blog?), y dentro de eso empecé a etiquetar los posts. Para los nuevos, si es que hay alguna vez algún lector nuevo (bueno, de hecho, si es que hay algún lector) eso quiere decir que es más fácil navegar por ahí. Para los viejos, los ya clásicos amigos, los incontables e innumerables lectores fantasma (eso que ni comentan ni son contados por el contador de entradas), eso quiere decir que ahora me autodividí en categorías.

La conclusión: soy bipolar. A ratos mamo gallo, con resultados más bien tristes en términos de lograr alguna risa o sonrisa; otros momentos soy críptico y super serio. No pienso dejar de ser ninguno de los dos, pero me gustaría saber si les gusta ese blog triste que enamoró a Camila (oh, Camila, Camila que ya montó blog, dónde estás?) o el blog mamagallístico.

Hablen ahora o callen para siempre

viernes, febrero 16, 2007

Camila y María

Camila mora en las torres de San José, justo encima de la apestosa Olímpica y de la adecuadamente llamada licorera. María vive... donde vive.

Camila nació en 1984 pero también en octubre de 2006. No sé cuándo fue gestada. María nació en 1983 pero también en marzo de 2006.

Camila nació con por lo menos un padre y una madre, pero en el camino se le sumó otro. A María le pasó algo parecido, pero está llena de padres y madres.

Camila tiene una prima. María tiene varias.

Camila, curiosamente, estudia en la universidad, carrera y semestre de María. Pero no es María.

Camila luce hermosa, con ojos negros y lustrosos. Como María. Pero no es María.

Camila desapareció en diciembre, después de regalarme palabras de aliento. María ha ido desapareciendo desde diciembre, sin palabras de aliento.

Todas estas similitudes, para concluir que Camila, ya sabemos, no existe. Pero tampoco me la inventé yo.

lunes, febrero 12, 2007

Día en blanco

Hoy iba a revelar el misterio de Camila. Pero me ganaron el sueño, el morbo y la reaparición de ella.

Ahora solo la espero, reiventada y audaz.

P.D. Saludes a Tiz por tener una prima tan bella, a Manolete por tener un bello ojete y al anónimo, por anónimo.

martes, febrero 06, 2007

Suspiro por Camila

¿Dónde estás, Camila, con tus dulces mensajes?
¿Dónde te fuiste, con tu belleza de Pocahontas criolla?
¿Qué te hiciste, dónde está tu bañera llena de pétalos de rosa?
¿Por qué callas ahora, tras haber despertado mis dormidas emociones?
Camila te espero, te añoro en cada luna llena y cada fría madrugada, te extraño bajo mis cobijas y sobre mi piel, te espero en cada llamada que recibo, en cada correo que leo, en cada paseo cerca a tu casa.
Camila:
Dame tu presencia
Aparece en mi vida
Vuelve por tus cosas
Ignora las dificultades
Lee estas palabras
Aterriza en mi corazón

Camila, Ven a mi!

jueves, enero 25, 2007

Muerte, vida, nacimiento

Me despierto una mañana y no me entero de nada nuevo porque la noche anterior supe lo único que me interesaba saber, gracias a la página web del periódico (sí, EL, porque no hay muchos más): ayer leía la obra de un vivo, hoy el señor está muerto. Así, coincidencialmente o lo que sea, quizás yo leía mientras él agonizaba , quizás él veía por última vez a su familia mientras me llevaba a algún pueblo perdido de Siberia o me presentaba la tristeza del Mar de Aral. Como pierdo la vida, viviendo vidas ajenas.

Desespero porque cuando tengo la oportunidad de escribir, me ganan la pereza, el miedo o la distracción, y cuando estoy ocupado, lejos del papel y del teclado, me asaltan ideas, frases, imágenes. Lo peor son los personajes, las voces en mi cabeza, la forma en que camina él, el eco de la muerte de Juana la Casquivana, todas esas compañías distantes, tan cercanas a mis fantasmas y mis sueños que me aterran. Y cuando trato de concretarlos, de arrinconarlos contra el papel, entre las letras, huyen, se deslíen como si las palabras les quitaran vida. Y me quedo sin poder desarrollar estas vidas mías que son ajenas.

Y lo que realmente me quita el sueño, más que no tener un peso para irme de paseo a Ráquira, más que dormir sin almohada y con los pies en la cabecera de mi cama fría y vacía, es no poder verte, es perder las esperanzas de oírte, es soñar con hablar contigo y reprimir las ganas de siquiera imaginarlo mientras estoy despierto. Ocupas mis sueños, colonizas los rincones en los que debo guardar mis secretos, me torturas con la claridad de tus ojos y la profundidad de tus miedos. Quiero volverte a vivir. Esta es una vida ajena por no haberte vivido como debía. Debería volver a nacer, para vivirte como es debido.

martes, diciembre 26, 2006

Que bonito es casi todo

Una mañana de invierno, mientras me asediaban los informes a revisores fiscales, los estados financieros consolidados y las solicitudes de información insuficiente, sonó mi celular. Era un mensaje de texto, de esos que solo me llegaron cuando tuve, alguna bella semana, un idilio secreto por escrito. Intrigado ante tan extraño acontecimiento, me encontré frente a un par de palabras, sencillas, directas, cálidas y calientes. Quise dejarlo así, pero la curiosidad y el deseo de recibir más mensajes, lo impidió; quise corresponder, pero el remitente era internerd. Ahora me llegan estos mensajes, de forma irregular, siempre llenos de ánimo, siempre como un nuevo impulso. Que bonito es casi todo.

Cuando tenía cincuenta y tres años, una larga carrera burocrática y una familia a punto de desmoronarse, murió mi abuela. Ya era hora: sí, lo sé, el ciclo de la vida, el reposo que es la muerte, los logros alcanzados. Pero me pesó su vacío, me costó reencontrar a un par de primos que ya creía muertos en vida, me impactó ver a mi sobrino Diego con acné y más de un metro noventa. El dolor fue tal que deje de lamentarme por lo desperdiciado , sin querer, recuperé el amor de María Cristina y me conseguí un nuevo reto en el trabajo. Que bonito es casi todo.

Antes de llegar a la laguna que era el destino que nos había prometido el guía, un venado se cruzó. Como nunca había visto venados, y mis novios siempre me han dicho que tengo piernas de gacela, me fui detrás de él. Y resultó que era ella: estaban sus tres pequeños, endebles, asustados, divertidos. Y ella los protegía. Eso bastó, claro, para que me perdiera del grupo y de la laguna. Que bonito es casi todo.

martes, noviembre 21, 2006

Cantaleta de motos

Odio las motos.

Puede ser porque no sé montar ni en bicicleta ni en patines y los carros me dan asco y terror. Pero las motos me resultan realmente detestables, con sus estallidos de inmundicia por estar mal calibrados los motores, con sus ruidos de motosierra paraca, con sus estructras endebles y totalmente carentes de belleza.

Lo primero es que rompen con todo sentido de justicia. ¿Cómo es eso que valen la quinta parte (por decir algo, que no sé nada de estos temas) de un carro, lo bloquean porque andan orondas por medio de cualquier carril de una vía, y luego, llegado el inevitable trancón bogotano, terminan en primera fila del semáforo? Es injusto, INJUSTO!

Además de ser injustas, son reinas de la ilegalidad. No respetan pico y placa ni señal de tránsito: hacen la U donde se les da la gana, se meten en contravía, contaminan a más no poder. Malditas. debería haber una cárcel de motos, o hasta un cadalso para fundirlas y convertirlas en armas, que es lo que necesita el ejército de nuestra patria para custodiar sus lomas y sus quebradas, para asegurar una platica para el campesino honrado que sapea al vecino para ganar una recompensa, que... mierda. Ése no era yo, era el consejo comunitario.

Injustas e ilegales, las malditas motos son asesinas. Se meten entre dos carros que ya se estaban cerrando, arriesgando sus vidas y la integridad de los automóviles. Se suben a puentes peatonales o andenes, y arrastran por delante con faldas plisadas, juguetes de niños y tranquilidad de paseantes. Montan en sus espaldas a indómitos jóvenes hijos de sus padres, y luego les destrozan el hígado o les quitan la cabeza contra cables de alta tensión. Incluso dejan subir a un segundo ocupante, el inefable parrillero que prohíbe la policía cada dos por tres, cuyo objetivo es un modelo gay, un ministro comprometido o un transeúnte perdido.

Odios las motos. Y mi papá no me quiere comprar una.

viernes, octubre 27, 2006

Triqui triqui otra vez

“Trick or treat, it’s all hallow’s eve” y a disfrazarse. Como la semana santa, como el cumpleaños o la Navidad, es otro mojón que nos recuerda que el tiempo es espiral, si es que alguna forma de le puede dar. En cualquier caso, este boticario se va haciendo más viejo ya amargado, pero vuelve a vivir los mismos momentos de indecisión ( “¿Qué carazos le regalo este año a mi papá?”) y a luchar con los mismos miedos (“¿Será que esta semana santa tampoco consigo buen plan?”). Pero pocas cosas le ganan al famoso 31 de octubre y su obligación de conseguir disfraz.

Sin embargo, cada año vuelvo a terminar disfrazado o dizquedisfrazado, lo que me ha dado la posibilidad de hacer un pequeño catálogo de los disfraces. No los típicos (enfermera, payaso, colegiala, etc.), sino los estilos en general. A ver qué opinan:

- Cambio de género: este es sencillo, divertido y, en general, muestra de muy poca imaginación. El hombre se pone una falda, una peluca y rellena un sostén con algún implemento. La mujer se pinta barba y bigotes e intenta adoptar alguna postura masculina. Sobra explciar que éste es uno de los más socorridos por los desparchados que consiguen fiesta a las 10:30 p.m. A veces son más creativos, como cuando se camina sobre el filo del transgenerismo (estos los encuentra todos los fines de semana, en octubre como en mayo o junio… pero no en fiestas de casas. O no en las que yo frecuento) o cuando no solo se disfrazó de vieja sino de campesina puertorriqueña o de Cesaria Évora. Pero son escasos.

- Profesiones: de chiquito, era el de payaso, vaquero o beisbolista. Ahora las chicas dejaron atrás los sexis pero trillados de enfermeras o azafatas y suelen ir vestidas de prepago, y los chicos ya no son mariachis porque prefieren el de traqueto (de nuevo, un disfraz muy común. Vaya cualquier día a la T o al parque de la 93 y ahí verá una mano de gente disfrazada). El éxito es garantizado, aunque la sorpresa sea minúscula, en esta ciudad traquetizada como tantas otras. Ah! Y punketo, diseñadora de la Tadeo, abogada yupi de la javeriana o mamerto de sociología de la nacional NO CUENTAN.

- Personajes: hace unos años fue Celia Cruz, después de los fallidos intentos de ser Manimal en 1985 y de aparentar a Drácula todos los años de la vida. El año pasado recuerdo gente disfrazada de Leela y de Bender (los de Futurama), y también han pasado Oliva y Popeye, Anibal Smith, Rosso José, Jota Mario, Fanny Mickey (o quizás era ella… tiene cara de máscara, que le vamos a hacer)... El éxito es muy relativo, y la confusión de los demás festejantes suele ser patente. Menos con Fanny Mickey, claro está.

- Conceptual: Se han conocido disfraces de viento, de do bemol, de suspiro, de abstracción, de reingeniería, de esquizofrenia y de proceso de cambio. Son un fracaso garantizado. Soy un fracaso garantizado.

- Facilista: Un amigo engatusó al payaso de un corrientazo y le robó el disfraz. Otro trabajaba de Bugs Bunny en fiestas infantiles, y decidió ir de Bugs Bunny a una fiesta no tan infantil (además logra camuflar el trago). Otro más se trajo su uniforme de la tercera división del Chicó. Son aburridos, todos ellos. Sus disfraces son estúpidos y molestos, pero no tanto como ellos.

Quizás me faltaron categorías o ejemplos, pero ustedes pueden opinar. La botica tiene sus puertas abiertas.

P.D. Ayúdenme a decidir si este año me disfrazo y si sí, de qué

P.D. 2: Igual sé que el sábado voy a tener una hermosa ________ (aún no sé de qué estaré disfrazada, pero seguro de algo divino) en mis brazos. Desde ya te beso, linda.

viernes, octubre 20, 2006

Perdido en ninguna parte

Tnego la HP rodilla jodida. Así que puedo caminar, acostarme, echarme a leer o ver TV, pero no puedo subir ni bajar escaleras.

Eso me hizo darme cuenta de os escalones que uno debe superar cada día. Sí, ya sé, todos los que se han aprtido la pata o han usado muletas por la razón que sea ya lo saben. Pero yo no. Yo era sano hasta que me dio por psicosomatizarlo todo - y ahora tengo el colesterol alto, colon irritable, gastritis, úlceras, pseudoartritis digital, síndorme andropáusico y otro poco de jodas. y me duele la rodilla.

Ah, sí, en eso iba. En que me en realidad no me duele, pero parece que si me pongo a hacer un esfuerzo voy a lograr que estalle, derrmando líquido sinovial, pulverizando meniscos, desplazando rótulas, ligando ligamentos (¡que retruécano más barroco!). Entonces los escaloes. Ah, sí. Deicidí que tengo ganas de ponerme algún aparato para saber cuánto camino al día, y así sentirme menos sedentario y lograr, quuizás, que se esfumen algunas de las falsas enfermedades de joven prematuramente envejecido y de hipocrndríaco secreto. Hasta ahí, todo bien - aunque no tengo ni idea si existe el aparato, dónde conseguirlo, cuántos riñones me costará comprarlo.

Pero luego me meto en este mundo ñoño que llamamos internerd, y en la bloguicosa, y descubro que por acá sí que se camina, mano. Va uno de un lado al otro, y sin perderse, y le dicen que navega o hace surf ¿Por qué esas metáforas del mar océano, tan agirngadas, más flojas que mi estómago y más pobres que las de mis ratos de romántico sin sentido? Explíquenme que tiene de ñoño, sosos y supuestamente infinito el mar, para saber por qué el internerd se parece.

Y todo esto es porque s ejodió mi rodilla y porque un amigo me dijo que él se pierde en el intermundo. Sí, se pierde. Llega a donde no quiere y no sabe qué hacer, quier pedir indicaciones pero nadie esta "ahí", en el "sitio" al que él fue, sino en el mensajero, que es otro sitio que no existe pero sí. Y se pierde. Y quiere pedir un taxi y no puede, y me dice que si pudiera, ¿cómo le oiba a dar una dirección?" ¿Acaso alguien se sabe una dirección en internerd? Si yo, que estoy escribiendo este post en blogger, me perido, nunca sabré dónd eestaba. Toca arrancar de cero, y luego el formulario contienes postdata y me jodo. Y no entiendo.

Como ven, este post no va para ninguna aprte, como cualquier cosa en internerd. Ah, y parte de la culpa la tiene la postada.

P.D. Ilusión: "Por lo general las palabras vienen. Hoy no llegan - espero que mañana, en el momento preciso, lo hagan. Es difícil cuando hay tanto por decir y tantas emociones se agolpan detrás de la elocuencia o el silencio. Así que mejor callo. Callo y sonrío. Callo, sonrío y me lanzo a vivir lo que se venga, con ganas de mamar gallo y de ser quien soy. Y ya. Gracias."

miércoles, octubre 11, 2006

Mosquitos... muertos

Fin de semana en lo que los del altiplano llamamos “tierra caliente”: piscina, cerveza, las amigas en biquini (“pucha, tienes estrías”, “”que cuerpazo el de la novia de este idiota”), los amigos con ganas de andar en bola todo el tiempo (“me da miedo entrar a mi cuarto… este man lleva veinte minutos ahí metido”, “uy, ¡tengo más barriga que El Gordo!”), la locha. Todo lindo, todo hermoso. Yo, incluso, me suelo desenamorar y reenamorar y desenamorar y reenamorar cuando ando por allá, y la paso más sabroso, sin problemas ni frustraciones. Y leo. Me siento culto y bello y todo.

Hasta que llega el romántico atardecer y un amigo apercolla a la buenona (y, por lo general, termina siendo rechazado) y otro amigo se va a dormir la borrachera y una amiga se aleja caminando, atrapada en una eterna conversación por celular con su novio adorado que desafortunadamente no pudo ir, y alguien lee a Paulo Coelho o Walter Riso o Brian Weiss… o hasta a Deeepak Chopra (uy, así con hartas es que suenen como las íes en español, suena a dejota ochenteno) ¿Y yo? Yo soy, lenta e imperceptiblemente, devorado por los mosquitos.

Primera anotación: la verdad, no tengo la más remota idea de si quienes se alimentan de mi sangre son mosquitos, jejenes, zancudos, o extraterrestres que le robaron al chavo pastillas de chiquitolina. Porque la verdad es que ni los veo – y si los viera no haría mayor diferencia para identificarlos, porque de biología pocón, pero podría iniciar la lucha artesanal y desde siempre perdida del hombre contra el insecto.

Segundo punto: yo me echo a la piscina, discurro sobre los ingredientes de la ginebra, debato la existencia de un momento indicado para disfrutar cualquier canción que exista en el planeta, recuerdo lo linda que te veías esa mañana en tu baño. Hago de todo un poco y mucho de nada, como gusta, y no me entero del festín que se están dando los bichos infames gracias a la delgadez de mi piel y a los nutrientes de mis alimentos. Así que sí, me comen y yo ni me antero. Espero que sean los únicos.

Tercera cosa: aparte de que esconden su identidad y son tan furtivos como un ladrón de la Pantera Rosa, no hay nada que pueda contra ellos. Nada. Ni los aparatos eléctricos que emiten un silbido, a veces imperceptible para el hombre y otras veces parecido a una tortura de siglo XXIV, ni el famoso jabón nopiquex, ni las mil y un marcas de repelentes. Algunos dicen que la tiamina, pero si uno se echa de eso huele a plástico quemado a dos metros de distancia, así que ahí ningún animal se lo come a uno. Ni un humano… y pues tampoco.

¿Así que solo nos queda ir, gozar, y luego sufrir de las consecuencias? ¿La piquiña de los días siguientes es tan inevitable como el guayabo del domingo? ¿Si me echo luego menticol o Cruz Azul® (“cuando pica, pica, pica, cuando rasca, rasca, rasca”) o limón en polvo o Caladryl® (“si te pican o te rasca, si te quemas con el sol”), me va a dar lo mismo? Pues no.

No, señores y señoras, damas y caballeros. Por fin, después de más de un año, se va a entender el nombre de este chuzo: el boticario, fiel a su profesión, les trae un remedio, una cura, un alivio para que pueda ir al estudio, al trabajo o al salón de belleza sin convertirse en el hazmerreír debido a sus extraños movimientos y muecas de placer al rascarse.

Se ha vendido la baba de caracol, la placenta de pato, la gelatina de pata. El boticario, conciente de sus limitaciones, les trae el mejor invento contra los bichos: el moco de rinítico. Untado sobre el cuerpo, no hay bicho que se acerque y logre picar – es más, se quedará ahí atrapado y usted, niñoseñorseñora, tendrá el placer de verlo morir. Su color untuoso verde le brinda la elegancia que necesita. Como si lo anterior fuera poco, su alta concentración de agua permite que las quemadoras en su piel sean rápidamente aliviadas. Se efectividad está comprobada ¿o alguien ha sido picado inclementemente cuando va a tierra caliente y tiene mocos? ¡Que alce la mano y levante la voz el que lo haya sufrido! ¿Ven? Nadie.

Se reciben pedidos por este medio.

P.D. A ver si me dejo de comer los mocos, y más bien me pongo algún dinero extra.

lunes, octubre 02, 2006

Hrvatska

Desde que vendí mi alma al tinto de las 3 p.m., el trabajo de los sábados por la tarde y las demás incumplidas promesas del mundo corporativo, he experimentado grandes y largos cambios. No es solo que los viernes suelan ser más cortos porque terminan entre las diez y las diez y cuarenta y tres de la noche, fruto del cansancio y los martines de Sirocco y Mink, uón, ni que ahora las chicas ya no quieran compartir conmigo el perro fulequipo de la Mona sino por lo menos el carpaccio de mero de Amarti (o si no, pailas, acuéstese a las diez y cuarenta y dos, solito y sin consumar aquello que tanto le gusta hacer en el minuto que queda de vida). Resulta que, encima de eso, tengo que andar con el moco ridículo ése que llaman corbata.

Las niñas de la oficina usan pantalones negros y carteras largas todos los días, y yo me amarro el adminículo ese al cuello como un suicida inepto, y trato de que el nudo quede sonriente y de que la pinta del bicho salga con mi estado de ánimo o con el saco de la secretaria bonita. Sobra decir que siempre fracaso. Encima no me puedo comer una pinche hamburguesa, ni untar con alguna salsa cualquier bastón de apio, papa frita, totopo, kaprichito o achira que me encuentre, porque las corbatas ejercen un magnetismo como sexual sobre los brebajes que se escurren del alimento. Conclusión: uso corbatas, pero nunca salen con nada y se manchan. Y las manchas tampoco salen con nada.

Así que me ha tocado iniciar eso que un compañero de oficina, abogado tinterillo y godo donde los hay, llama “furtus usus” o algo así: “hurto de uso”, dice cuando agarra un libro o un esfero mío, y se ríe de un chiste que creo que no tiene sentido desde cuando los leones se cansaron de comer cristiano en el circo romano. En otras palabras y para dejar de hablar mierda (ah, pero ¡cómo libera hablar mierda sin ton ni son!) me tengo que tumbar las corbatas. Bueno, no me las robo definitivamente sino, como el cantante de “la celosa”, solamente las tomo prestadas por algunas horas – aunque después terminen con manchas insospechadas. Y no tocaré más este punto.

El caso es que igual eso tampoco me funciona. Mi hermano tiene corbatas de Los Cazafantasmas y Los Thundercats, porque solo las usa para sus reuniones de exalumnos del Jardín Infantil Patitos y Patitas, y cuando las utilicé me gané no solo la burla del vigilante de la oficina sino veinte sesiones gratis con la psicóloga de la empresa. Entonces empecé a usar las de mi papá, hasta que mi amiga de la oficina, la que me ha hecho perder a varios amigos por habérselas sacado cualquier “juernes, maríc” (“¿y está buena?”, “pues… uy, baila muy bien!”. Solo se la pilló el que me preguntó si tenía chucha, porque le contesté con que esa halitosis nunca sabría que otros olores podía despedir su cuerpo”), me dijo que honestamente unas tenían color de vómito de pizza hawaiana y las otras eran tan flaquitas que parecían de mi mamá o de Boy George (Mierda, hasta ahora me doy cuenta que comparó a mi mamá con el primer transformista que recuerdo… ¿será que mi mamá tiene pinta de hombre vestido de mujer? Puede tener que ver con eso de que cuando estoy con otras dos mujeres, digo, con dos mujeres, ellas siempre dicen “nosotras”. Mierda.)

Total, que solo me quedaba una corbata limpia esta mañana. De un impecablemente neutral tono azul y fruto de una broma nunca comprendida, era de Coca-Cola, con letreros minúsculos que solo se notan si se mira la corbata colgado cabeza abajo en una noche de luna nueva, tras haberla frotado con excremento de pingüino antártico y haberse lavado los ojos con un brebaje que incluye pipí de quinceañera, licortransparenteysinnombrepropidelaindustrialicoreradebolivarquevienenebotellatriangular y tintura de añil. Bueno, el caso es que tenía esa corbata, que me hace juego con las medias de punto locura que tengo desde 1996 (ahora descontinuaron la colección… ya me va a tocar ponerme medias de rombos los sábados, para que hagan juego con la chaqueta de gamuza… voy a entrar a la cuarentena y los amigos y las mujeres me pondrán en cuarentena) y, desde el otro lado de la calle saltó mi traga eterna de la adolescencia, saltó a mi cuello, me abrazó como se abraza a un padre al que se creyó muerto e introdujo su lengua en lo oído izquierdo. Era mía, por fin, catorce años y veinte kilos más tarde. Pero su mirada extraviada no me pintaba muy bien, y menos su pinta de hippiepseudoregenerada: no sé si estaba trabada o le gustaba echarse el menjunje ese en los ojos, pero notó que se trataba de una corbata de cocacola. Supo que mi alma había sido vendida. Y me dejó.

Malditos yupis, malditos croatas.


P.D. Este es el regreso del viejo boticario, que había sido desplazado por la poética barata y el silencio cómplice. Falta brillo, falta chispa, ¡pero regresó!

P.D. 2: Al primero que adivine o averigüe el por qué del título, se gana premio sorpresa.

P.D. 3: Como me gustan las postdatas… es como hablar mierda, pero de a poquitos.

jueves, septiembre 28, 2006

Estatua

Es tanto y tan demoledor el ruido que ya nada suena. Se congela la vida en este instante de falso silencio que aprisiona mis brazos, y aunque me mueva, aunque salte y lance golpes al azar, nada ocurre. En silencio nada pasa.

O sí, sí pasa, pero no afuera: el silencio reduce la realidad, impide interactuar, retrae. La implosión del silencio. Entonces tomo todo el aire que le cabe a mis pulmones, abro la boca, tensiono las cuerdas vocales: un grito, un alarido de vida, un aullido que debe poner de nuevo a girar los engranajes del tiempo. Fracaso. Es más ruido, es más silencio, es más energía que me comprime.