Para discutir de todo...como en botica.

jueves, noviembre 24, 2005

Juana, Pequeña Llama

El viento sigue corriendo, pero cada día me trae menos sonidos de Juana. Mi silencio se debe a la lucha por retener las canciones que aún recuerdo, las hilachas de voz que van quedando, los inciertos ruidos que parecen venir de ella. Pero ya hace un par de días que el viento se limita a traer su propio zumbido, entrecortados por los pitidos, los motores, las risas de personas desconocidas. Ya no oigo a Juana, oigo a la ciudad e intento escucharla, pero no lo logro. Mi oído se amoldó a sus sonidos, y ahora lo ataca el silencio que, para un oído, es la muerte.

Quizás sigo soñando en este encantamiento, pero quiero creer que la muerte de mi oído, muerte pasajera, es la muerte de Juana la Casquivana, muerte definitiva. O pasajera.

Curiosamente esta muerte no me produce ni alivio ni dolor; no me siento triste, liberado, solitario o estupefacto. No. Sencillamente me molesta este silencio; Juana, mi bella Juana, esquiva como la luna, desapareció. Y yo, que no sé bailar a la sombra de los eucaliptos que pueblan mis recuerdos, sigo acá. Pero ya no hay ilusiones, no hay un corazón expectante, no.

Creo que estuve semiinconsciente, en un ingrato duermevela, por un par de días. Pero ahora siento que un calor extraño se acerca a mi mano, a mi mano izquierda, mientras ante mis ojos un escritor oriental muere y mata en el desamor. El calor es tímido, vacilante, poderosamente agradable – viene y va como dudoso, como inquieto, como asustado. Pequeña Llama, le llamarían los sioux o algo así. Pues Pequeña Llama me recuerda a Juana, me la hace sentir ni casquivana ni esquiva. Presente aunque con miedo. Gracias a Pequeña Llama, que quizás sea Juana en su nueva vida, muda y atenta, desperté, y pude volver a escribir.

Quizás alguien lo lea y me ayude a entender qué es lo que ocurre.

miércoles, noviembre 23, 2005

Estupidas excusas

¿Por qué me demoro tanto en escribir?

Lunes después de dos semanas de cuatro días, lunes que no es festivo, lunes con la temperatura bajitica, lunes con la energía aún más baja. Lunes de mierda.

Ideas que van tan fácil como llegan. Posts que nunca se escriben. Frases graciosas que pierden el chiste tan pronto se escriben. El fracaso.

Yo escribiendo de J Mario, y resulta que el humor colombiano está de luto por el Mocho Sánchez, que es un personaje que merecería un verdadero post. Y yo nada. Además de que las letras andan de luto por R.H. Moreno Durán, la filología por el doctor Chaves, mariajo por su abuelito (abrazote!), los conservadores por Roberto Camacho (godísimo, pero muy serio y juicioso parlamentario), los Uprimny por una hermana, un compañero de trabajo por una tía… días de muerte y reflexión.

Falta de conexión a la red.

Trabajo que nunca falta.

Mente perdida en otras tonterías, sandeces aún más estúpidas que esta.

Cansancio, cansancio, cansancio y ganas de dormir. Y como soy un hedonista, dormir y dormir y dormir.

Ocupaciones varias, variadas y disímiles.

Pereza.

Amor.

Desamor.

Más pereza.

Y Juana que no quiere ni vivir ni morir y que ya no aparece en sueños sino que desaparece mis sueños y yo que sueño con soñarla. Estoy somnoliento, nada que hacer.

Sueñen conmigo.

miércoles, noviembre 16, 2005

Merecida defensa

Este país es un país de envidiosos. Nada que hacer. Que dizque Uribito no es el mesías ¡ganas que tendrían ustedes de serlo! Que las reinas de Cartagena son ahí no más ¡que más querrían que ser igualitas, o poseer a una de ellas! Que Fernando Londoño es un hampón ¡un genio, es lo que es, nuestro magnánimo hombre! Que Dago García es un mal director ¡por lo menos hace películas, y la gente paga una boleta para verlas! ¿O nadie se vio “el carro” y demás productos?

Pero yo no vengo a poner en orden la totalidad el país, no; sencillamente he resuelto que me tiene mamado ver que nadie le agradece nada a quienes han forjado parte de nuestra identidad, a quienes nos han ayudado a ser mejores personas. Quiero revindicar la imagen de quien se ha convertido en un hazmerreír, pese a ser un verdadero educador de las nuevas generaciones, un arquetipo de quien logra mezclar entretenimiento con formación en valores, un defensor de las buenas costumbres y las buenas relaciones de los humanos con los ángeles. Sí señores, es él: J Mario (“muchas, gracias! Y ya nos está enseñando a ser educados).

Lo primero: para aquellos que creen que su nombre es Juan Mario o José Mario o Javier Mario, se equivocan (y, no, tampoco es John Mario..). Claro, tampoco tan en el clavo quienes ingenuamente opinan que “jota” es un nombre. No, no señores: “jota” es por la letra, y se trata de una combinación cabalísitica, porque es la onceava letra del viejo abecedario (ahora es la décima, porque mataron a la “che”, y ahí sí no sé qué pasa), una menos que la cantidad de meses en el año, y así facilita el éxito y la alopecia en quien se llame “jota”. Seguro, busquen al amigo de su papá al que le dicen “jota” y verán. Garantizado.

Así que este señor, bautizado de acuerdo a los más confusos y profundos secretos guardados por los rosacruces y los templarios, no es simplemente un ídolo de las amas de casa. No. El nos enseñó que “lo importante es la personalidad”, y miren qué ha hecho de nosotros. El nos indujo a preguntarnos “la bolita, la bolita, la bolita dónde está”, nos enseñó a desarrollar eso que los psicólogos llaman lateralidad (sí, esa repetición en Adán y Eva de “izquierda, izquierda, izquierda, izquierda, arriba, arriba, derecha, derecha, derecha, derecha” fue clave), nos recordó que siempre existen solteros “sin compromiso”.

Yo, señores, me declaro jotamarista. Me importa la personalidad, busco bolitas a cada rato, siempre creo que tengo una novia chévere, no confundo la derecha con la izquierda y solo le caigo a las solteras sin compromiso. Y todo esto me ha llevado a no ser tan envidioso como ustedes.

Gracias, Jmario (así, pegadito, como le decimos los amigos).