El fulbito
Tengo un amigo que, para hablar de asuntos eroticoafectivos, usa el término "fútbol". pregunta "¿y ahí hay fútbol?" o "Bueno, pero "usted quiere juagr fútbol ahí?". Tengo un primo que se juega tres partidos por fin de semana, siempre mete goles, suele perder, y es más bajito y más gordito que cualquiera de sus compañeros o rivales. Tengo una prima que siempre quizo ser arquera de la selección coreana de fútbol (sí, todos tenemos nuestros extraños fetiches). Tengo una exnovia con quien temrinamos proque me cansé de ver los partidos de la tercera división de Honduras con ella: no se perdía ni medio partido, cuando le daba insomnio ponía alguno de sus viejos cassettes de Betamax con goles de Gary Lineker y de Hugo Sánchez a mediados de los ochenta, y no me hablaba de nuestra relación sino de "la sociedad que tenemos que armar para liquidar la defensa rival, que marca a presión y no permite asociarse de tres cuartos de cancha para adelante". Yo ni entendí nunca si se quería casar conmigo, o si estaba simplemente aburriéndome. Pero lo logró. Total, que el fútbol me rodea aún más que los realities, pero hasta el momento he logrado gambetearlo y hacerle uno que otro golecito. Pero, para terror de quienes alguna vez me han visto con la pecosa rebotando en las espinillas, he decido dar un paso avante: voy a jugar fútbol.
Imagino que estaré sentado en la banca durante largo períodos, bostezando por la madrugada sabatina, y preguntándome por qué demonios no prefería inscribirme en esos cursos de cerámica colonial suiza del siglo XI (siempre me he preguntado dónde diablos fue que los suizos tuvieron colonias) o empezar a aprender feng-shui por correspondencia. En algún momento entraré para reemplazar a alguien que sí entiende para qué es que uno corre (bueno, o hace esa imitación de correr que yo logro) a lugares donde en un instante no hay nadie y, acto seguido, aparece un ser de viento que le pega a ese balón como si tuviera el martillo de Tor en su pierna izquierda. Y claro, me pasará eso, mis compañeros me odiarán primero para luego reírse de mí y yo vovleré a casa a medio día, físicamente devastado por haber corrido ocho metros y con el ánimo del tamaño de mi capacidad futbolística. Triste presagio. Pero ahí voy.
Si el sábado me llaman y no contesto, busquen en las clínicas: una falla cardio respiratoria o un come etílico me pueden haber mandado al otro mundo. Pero todo sea por demostrar que yo también puedo ser un tipo en calzoncillos que corre detrás de una bola, grita "quiérame, quiérame" y se siente feliz de estar mamado. Ya verán...acá estamos. Ebrios y futbolistas y demás payasadas.
