Para discutir de todo...como en botica.

miércoles, noviembre 09, 2005

Tropipop, eso es lo que no se les tiene

Esta botica, en medio de su proceso de conformar y reforzar la alianza estratégica con La Tienda de la Esquina, ha encontrado la necesidad de hacer una aclaración, pequeña pero fundamental. Los clientes han hecho pocas sugerencias, pero varias se dirigen a la importancia de la música que viaja en el mundo cibernético (ve, sería más bonito decir cibernáutico, no?); aún antes de haber tomado medidas al respecto y de haber analizado el caso con don Federico, creo que es indispensable aclarar que no se poseen los archivos de la Mega.

Largas horas estuve encerrado en un carro este fin de semana con festivo, y no me quejo de ello: gran paseo. La cuestión es que con el paso del tiempo y la obsesión por poner la mega en el radio, me fui dando cuenta de la existencia de un abismo que me separa de la gente de mi edad: la música (claro, hay mil otros, pero ya iremos viendo, si es que yo me aguanto escribir tanta mierda, y sus mercedes leerla). O bueno, no de todos, pero sí de este grupo en particular.

La Mega, según noté, se especializa en el jedeondo reguetón y en cierto género musical al que no le conozco nombre alguno. Fonseca, Palo de Agua, Maía y demás acólitos de Carlitos Vives pululan en esa emisora, y sus canciones se repiten una a otra, y aparecen incesantemente. No sé si ese género se llama rumba urbana, como alguien me dijo (pero qué va, si la rumba de esta urbe va justamente del reggae al reguetón, de este género sin nombre al metal, del rap de las cruces a la salsa de los intelectuales de cincuenta años, de lo más electrçónico a guabinas y bambucos y “plancha”, de Darío Gómez a Björk…) o si efectivamente sea una mezcla de merengue con música de chimenea (algo así como un cruce entre los hermanos Vargas (Wilfredo y Sergio, claro está) y la trova cubana de Silvio y Milanés, pero le encontré un nombre. Un nombre que quiero proponer y foguear, a ver si logramos definirlo de alguna manera. Esta música, que no se les tendrá en esta botica, pasa a llamarse, por decreto del boticario autócrata, TROPIPOP.

Ni es tropical ni es pop pero es las dos a la vez, pero huyendo de ambas, en esa moda increíblemente variada que es la “fusión”. No sé, pero después de dos horas seguidas de eso, yo sí que quiero que me fusionen con lo que salga al paso (pero no con la tienda de la esquina, que queremos mantener la independencia). Y entre “paruparu papapaparu” y “larai laraira” me acuerdo de mis canciones de infancia, y me dan ganas de chuparme el dedo gordo del pie y de llorar a grito ventiado porque sí, porque me mama, porque estoy hasta los cojones de las pulseritas de Colombia y el tropipop y la gente que dice “claro, u’ón” y “no, marics, sté tiene’s ueo” y demás. Mamado. No puedo más y no quiero más. Pa’ eso mejor leo a Don Tomate y me voy de tomata, o al Dr. Barbarie y me identifico con su odio a todo lo socialdemócrata, o al que le brilla un lado y me siento, de nuevo, rdicalmente pendejo. Mejor oír Darío Gómez. O, si es pa’ eso, más bien recuerdeo el breve espacio en que no estás con Milanés y luego sacudo el esqueleto con el baile del perrito de alguno de los Vargas, y sale.

Pero eso vale ueo, marics, la cagada, u’ón, es que esta botica de mierda no les tiene la música de moda.

P.D. Pero, en serio, vayan al parque de los nevados. Uno se levanta y el viento baja la niebla de las montañas y el aire tiene menos oxígeno y todo es de nadie y uno se siente feliz.

P.D. 2. Juana está que regresa…

jueves, noviembre 03, 2005

Y, de nuevo

...gracias. Por verme comer mocos, decir que todo es estupendo, oirme pasar el chocolate a buches y estar conmigo. Reprocharme las cagadas, sentirlas, y seguir acá. Abrazo, amiga, compañera.

miércoles, noviembre 02, 2005

Del fulbito y los negocios

Como sus mercedes ya saben, este pecho nunca ha servido para bajar un balón y acomodar un zapatazo, y que el julbol me ha mamado tanto gallo en la vida que últimamente decidí mamarle gallo yo a él. Pero es que en realidad nunca había entendido la cantidad de efectos postivios que trae sobre la vida de quienes lo practican: cada mes están lesionados de una estupidez diferente, se entretienen con el compañero mirando a ver quién tiene la pierna menos peluda, tienen contacto físico con otros machos, madrean a sus amigos por cualquier estupidez (bueno, en el DILTV está también la cuestión de la bebida, pero eso es menos generalizado, creo yo. Pa’ eso hay tejo). Y hay una nueva puerta que se me abre.

Mientras que los grandes empresarios juegan golf para conseguir negocios, y en otros lugares de la ciudad son los campos de tejo o de mircofútbol los lugares donde los albañiles se pasan trabajos, el surrealista campo del Arnoldo Iguarán presentó a este servidor la inigualable oportunidad de ser el primer dueño de bló que discute, preapara, paladea y finalmente concreta un contrato de asociación con otro dueño de un bicho de estos. En efecto, Don Federico de la Regueira, dueño de La Tienda de la Esquina, y el viejo Lewinski, propietario de esta incomprensible Botica, han firmado un acuerdo para prestar servicios de forma conjunta.

No es por ser derrotista, sino simplemente por advertirle a los desprevenidos desparchados que esto leen, que el mismo día en que surgió esta maravillosa alianza, los dos interesados nos dimos cuenta de nuestro total desconocimiento de este mundo. No sabemos quién es azul, no entendemos quién demonios nos lee, no sabemos si somos solemnemente aburridos, no vemos qué carazos servicios podremos ofrecer. Lo que es claro es que la cadena argentina Farmacity, que ahora ha plagado esta ciudad, es nuestro modelo: botica y tienda de la esquina a la vez, pero la nuestra (cuyo nombre tampoco ha sido definido) será atendida por sus propietarios.

Está bien, por una vez voy a ser totalmente honesto: no entiendo qué carazos estamos haciendo. Sólo sé que hay que sumar esfuerzos para no quedar como las tristemente muertas emisoras 88.9 y HJCK (así digan otra cosa), para no quebrar bajo el peso del mercado. Sí, el capitalismo amenaza nuestra supervivencia misma, y decidimos que tenemos que empezar a sumar. No sé a sumar qué demonios, pero hay que hacerlo: lectores, insultos, desparches, letritras. Lo que salga.

Así las cosas, por favor indíquennos qué se puede hacer, que servicios conjuntos agradarían, qué carazos es lo que estoy haciendo. Porque, como por variar, no lo sé. Pero lo que sí me quedó claro es por qué los empresarios juegan golf y los albañiles juegan micro – y, claro, porque los universitarios y los jóvenes adultos juegan fútbol. Seguro no somos los primeros.